Acoso estudiantil en Ranchuelo
Félix Reyes Gutiérrez
10 de mayo de 2012
Ranchuelo, Cuba – www.PayoLibre.com – Los alumnos de la Escuela
Secundaria Básica Urbana (ESBU) Camilo Cienfuegos de Ranchuelo fueron
acosados para que participaran en el desfile del 1ro de mayo.
Estudiantes del centro docente, quienes prefirieron el anonimato por
temor a represalias, expresaron que directivos y profesores informaron a
alumnos que tenían que ir al desfile porque de su asistencia dependía
las calificaciones del mes.
Luego distribuyeron en las aulas una hoja para que el colegial que se
comprometiera a participar en el desfile por el día internacional de los
trabajadores plasmara su nombre y firma y ratificaron que iban a
calificar de deficiente a todo el que rehusara concurrir a la actividad.
La escuela Camilo Cienfuegos está situada en la calle Máximo Gómez,
entre Panchito Gómez y Antonio Maceo, de la municipalidad. Cursan
estudios unos 400 estudiantes de séptimo, octavo y noveno grado.
http://payolibre.com/noticias/noticias2.php?id=9013
Información sobre el sistema de educación en Cuba.Escuelas, universidades, ... Todo de la prensa internacional
jueves, 10 de mayo de 2012
Los futuros economistas de Cuba
Los futuros economistas de Cuba
Miércoles, Mayo 9, 2012 | Por Jorge A. Sanguinetty
MIAMI, Florida, mayo, www.cubanet.org -En la formación de economistas
cubanos el país tiene dos problemas de fondo. Uno es que antes de la
revolución casi no había formación de economistas en Cuba. En la
Universidad de La Habana se estudiaba algo de economía como un apéndice
a la carrera de Ciencias Comerciales.
Posiblemente de ahí que los cubanos no saben distinguir entre un
economista y un contador, lo cual es una profunda muestra de ignorancia.
De hecho, pocos no economistas saben lo que hace un economista,
situación que es común en muchos países pero que llega a su máxima
expresión en Cuba. En los años cincuenta se creó la carrera de economía
en la Universidad de Villanueva de donde creo que se graduó una sola
persona. Había una carrera de economía en la Universidad de Oriente y
creo que otra en la Central de Las Villas. Hasta 1959 muchos de los que
se podían llamar economistas cubanos, formados como tales, se habían
graduado o habían estudiado en universidades extranjeras. El primer
programa integro de formación de economistas de la Universidad de La
Habana se inauguró en 1962, con un programa inicial muy ecléctico que
rápidamente se inundó con materiales marxistas muy ideológicos, por un
lado, y con asignaturas de matemática por otro. Entre ambas concepciones
existían algunas asignaturas improvisadas como evaluación de proyectos,
comercio internacional y contabilidad.
La brecha entre la formación que se estaba impartiendo en La Universidad
y la que se necesitaba en los organizmos del estado para "planificar la
economía" era inmensa, y se hacía ostensible en la Junta Central de
Planificación, dónde yo trabajaba. Posiblemente de la contaminación
ideológica de la carrera, ya formalizada bajo el Instituto Juan Noyola,
parte la percepción generalizada que el estudio de la economía no es más
que el estudio de la ideología imperante que no admite formas de
pensamiento crítico e independiente. De esto hay innumerables anécdotas
ilustrativas.
Los que estaban a cargo del programa de estudios en la Universidad de
La Habana, especialmente Carlos Rafael Rodríguez y el economista
mexicano (que dejó la CEPAL para radicarse en Cuba) Juan Noyola, no
pudieron impedir que el programa se degradara en uno de tipo ideológico,
pero el verdadero problema de fondo (el segundo que apunté arriba) era
que nunca se había desarrollado una teoría económica del socialismo,
sobre la cual fundamentar la práctica y la política de la planificación,
o sea, cómo reemplazar la economía de mercado que Marx llamó
capitalismo. Algunos de los economistas cubanos que han alcanzado algún
renombre y respetabilidad técnica y analítica en la isla, a pesar de las
condiciones académicas imperantes en Cuba, lo han hecho con un gran
esfuerzo y dedicación, pero sus contribuciones se ven restringidas
continuamente. De hecho, no parecen tener una gran influencia en la
política pública del país, ni siquiera en estos tiempos de crisis y de
reformas.
Este enorme vacío conceptual se hizo evidente en Cuba en 1961 cuando
comenzaron los trabajos para formular el Plan Cuatrienal 1962-1965 en
los diversos organizamos del estado. El método de planificación que se
siguió estaba basado en llenar los formularios de las metodologías de
planificación aplicados en algunos países de Europa Central,
transportados y explicados por consultores de esos países residiendo en
La Habana, e implementados por economistas latinoamericanos contratados
por Cuba y por otros funcionarios cubanos que combinaban una cierta
formación con alguna improvisación. Por mal preparado, dicho plan fue
abandonado sigilosamente por el gobierno cubano. En tales circunstancias
las empresas, ya casi todas estatizadas, no tuvieron otra alternativa
que tratar de seguir produciendo lo que habían hecho en el pasado, bajo
nuevas condiciones de administración, suministros, mercados,
financiamiento, etc. Poco a poco, irían recibiendo "directivas"
centrales sobre lo que debían producir, pero la JUCEPLAN no sabía cómo
compatibilizar las metas que el gobierno trazaba (léase Fidel Castro),
con las posibilidades materiales, financieras, organizativas,
administrativas y humanas para hacerlo.
En presencia de todo esto, los economistas que trabajaban en Cuba tenían
poca influencia. Los procesos productivos eran en gran medida caóticos.
Todo el mundo lo sabía, pero nadie podía hablar abiertamente de los
problemas. Muchos funcionarios estaban bien conscientes del origen de la
desorganización económica del país, desorganización que hizo que Cuba
dependiera desde muy temprano de la ayuda soviética para equilibrar la
oferta agregada de bienes y servicios con la demanda agregada, ambas ya
muy distorsionadas por la turbulencia institucional y revolucionaria
predominante.
No se destaca en esta situación una autoridad económica
independientemente de la presencia abrumadora de lo político en las
decisiones del gobierno, todo en la figura de Fidel Castro. Por medio de
su discurso, lo económico se representa por medio de cifras de
producción física. El discurso público y único no incluye valores
expresados en términos monetarios. Fidel Castro jamás habla de
agregados, que tenían que ser expresados en términos de valores. No hay
alternativas que discutir o evaluar. Todas las decisiones aparecen como
que ya están tomadas. Lo económico deja de ser reconocido como parte de
la naturaleza del nuevo orden e intuitivamente el ciudadano espectador
va tomando nota sin entender el significado de lo que es económico.
Existe la carrera de economía como existen muchas otras para tener al
ciudadano ocupado con una expectativa razonable, pero engañosa, de
mejorar en la vida. Pero en realidad no hay un sentido de propósito de
desarrollo económico por parte del gobierno. Su agenda internacionalista
y la mentalidad de estado permanente de sitio no es compatible con una
sociedad donde esa figura abstracta y enigmática del economista tenga
sentido.
Recordemos que en 1968, bajo la llamada Ofensiva Revolucionaria, se
cerraron las escuelas de contabilidad en Cuba porque, como el país
estaba construyendo el comunismo, el dinero no sería necesario y no
había por qué aprender a contarlo y registrar las transacciones
"mercantiles". Esta situación cambia en alguna medida con la catástrofe
que significó la zafra azucarera de 1970 y su secuela. El gobierno
finalmente parece que toma en serio la economía, pero ya el daño está
hecho. A pesar de nuevos esfuerzos Cuba no consigue liberarse de los
susidios soviéticos y aún persiste en construir una economía socialista
que nadie, ni el propio Marx llegó a diseñar.
Cuba está sufriendo ahora el legado de estos disparates acumulados. Por
suerte hay algunos cubanos más alertas, que parecen comprender esta
situación. Ellos representan la base sobre la cual construir una
profesión necesaria para la reconstrucción y democratización del país,
por eso hay que trabajar con ellos, pero hay que hacerlo
inteligentemente, evitando las condiciones que traicionen los objetivos
de largo plazo. Mi experiencia reciente me indica que es posible
trabajar en esa dirección pero se requiere un esfuerzo colectivo (no
monumental), bien concertado, para que tenga frutos.
Jorge A. Sanguinetty, Ph.D. es fundador, Presidente & CEO de DevTech
Systems, Inc.
http://www.cubanet.org/opiniones/los-futuros-economistas-de-cuba/
Miércoles, Mayo 9, 2012 | Por Jorge A. Sanguinetty
MIAMI, Florida, mayo, www.cubanet.org -En la formación de economistas
cubanos el país tiene dos problemas de fondo. Uno es que antes de la
revolución casi no había formación de economistas en Cuba. En la
Universidad de La Habana se estudiaba algo de economía como un apéndice
a la carrera de Ciencias Comerciales.
Posiblemente de ahí que los cubanos no saben distinguir entre un
economista y un contador, lo cual es una profunda muestra de ignorancia.
De hecho, pocos no economistas saben lo que hace un economista,
situación que es común en muchos países pero que llega a su máxima
expresión en Cuba. En los años cincuenta se creó la carrera de economía
en la Universidad de Villanueva de donde creo que se graduó una sola
persona. Había una carrera de economía en la Universidad de Oriente y
creo que otra en la Central de Las Villas. Hasta 1959 muchos de los que
se podían llamar economistas cubanos, formados como tales, se habían
graduado o habían estudiado en universidades extranjeras. El primer
programa integro de formación de economistas de la Universidad de La
Habana se inauguró en 1962, con un programa inicial muy ecléctico que
rápidamente se inundó con materiales marxistas muy ideológicos, por un
lado, y con asignaturas de matemática por otro. Entre ambas concepciones
existían algunas asignaturas improvisadas como evaluación de proyectos,
comercio internacional y contabilidad.
La brecha entre la formación que se estaba impartiendo en La Universidad
y la que se necesitaba en los organizmos del estado para "planificar la
economía" era inmensa, y se hacía ostensible en la Junta Central de
Planificación, dónde yo trabajaba. Posiblemente de la contaminación
ideológica de la carrera, ya formalizada bajo el Instituto Juan Noyola,
parte la percepción generalizada que el estudio de la economía no es más
que el estudio de la ideología imperante que no admite formas de
pensamiento crítico e independiente. De esto hay innumerables anécdotas
ilustrativas.
Los que estaban a cargo del programa de estudios en la Universidad de
La Habana, especialmente Carlos Rafael Rodríguez y el economista
mexicano (que dejó la CEPAL para radicarse en Cuba) Juan Noyola, no
pudieron impedir que el programa se degradara en uno de tipo ideológico,
pero el verdadero problema de fondo (el segundo que apunté arriba) era
que nunca se había desarrollado una teoría económica del socialismo,
sobre la cual fundamentar la práctica y la política de la planificación,
o sea, cómo reemplazar la economía de mercado que Marx llamó
capitalismo. Algunos de los economistas cubanos que han alcanzado algún
renombre y respetabilidad técnica y analítica en la isla, a pesar de las
condiciones académicas imperantes en Cuba, lo han hecho con un gran
esfuerzo y dedicación, pero sus contribuciones se ven restringidas
continuamente. De hecho, no parecen tener una gran influencia en la
política pública del país, ni siquiera en estos tiempos de crisis y de
reformas.
Este enorme vacío conceptual se hizo evidente en Cuba en 1961 cuando
comenzaron los trabajos para formular el Plan Cuatrienal 1962-1965 en
los diversos organizamos del estado. El método de planificación que se
siguió estaba basado en llenar los formularios de las metodologías de
planificación aplicados en algunos países de Europa Central,
transportados y explicados por consultores de esos países residiendo en
La Habana, e implementados por economistas latinoamericanos contratados
por Cuba y por otros funcionarios cubanos que combinaban una cierta
formación con alguna improvisación. Por mal preparado, dicho plan fue
abandonado sigilosamente por el gobierno cubano. En tales circunstancias
las empresas, ya casi todas estatizadas, no tuvieron otra alternativa
que tratar de seguir produciendo lo que habían hecho en el pasado, bajo
nuevas condiciones de administración, suministros, mercados,
financiamiento, etc. Poco a poco, irían recibiendo "directivas"
centrales sobre lo que debían producir, pero la JUCEPLAN no sabía cómo
compatibilizar las metas que el gobierno trazaba (léase Fidel Castro),
con las posibilidades materiales, financieras, organizativas,
administrativas y humanas para hacerlo.
En presencia de todo esto, los economistas que trabajaban en Cuba tenían
poca influencia. Los procesos productivos eran en gran medida caóticos.
Todo el mundo lo sabía, pero nadie podía hablar abiertamente de los
problemas. Muchos funcionarios estaban bien conscientes del origen de la
desorganización económica del país, desorganización que hizo que Cuba
dependiera desde muy temprano de la ayuda soviética para equilibrar la
oferta agregada de bienes y servicios con la demanda agregada, ambas ya
muy distorsionadas por la turbulencia institucional y revolucionaria
predominante.
No se destaca en esta situación una autoridad económica
independientemente de la presencia abrumadora de lo político en las
decisiones del gobierno, todo en la figura de Fidel Castro. Por medio de
su discurso, lo económico se representa por medio de cifras de
producción física. El discurso público y único no incluye valores
expresados en términos monetarios. Fidel Castro jamás habla de
agregados, que tenían que ser expresados en términos de valores. No hay
alternativas que discutir o evaluar. Todas las decisiones aparecen como
que ya están tomadas. Lo económico deja de ser reconocido como parte de
la naturaleza del nuevo orden e intuitivamente el ciudadano espectador
va tomando nota sin entender el significado de lo que es económico.
Existe la carrera de economía como existen muchas otras para tener al
ciudadano ocupado con una expectativa razonable, pero engañosa, de
mejorar en la vida. Pero en realidad no hay un sentido de propósito de
desarrollo económico por parte del gobierno. Su agenda internacionalista
y la mentalidad de estado permanente de sitio no es compatible con una
sociedad donde esa figura abstracta y enigmática del economista tenga
sentido.
Recordemos que en 1968, bajo la llamada Ofensiva Revolucionaria, se
cerraron las escuelas de contabilidad en Cuba porque, como el país
estaba construyendo el comunismo, el dinero no sería necesario y no
había por qué aprender a contarlo y registrar las transacciones
"mercantiles". Esta situación cambia en alguna medida con la catástrofe
que significó la zafra azucarera de 1970 y su secuela. El gobierno
finalmente parece que toma en serio la economía, pero ya el daño está
hecho. A pesar de nuevos esfuerzos Cuba no consigue liberarse de los
susidios soviéticos y aún persiste en construir una economía socialista
que nadie, ni el propio Marx llegó a diseñar.
Cuba está sufriendo ahora el legado de estos disparates acumulados. Por
suerte hay algunos cubanos más alertas, que parecen comprender esta
situación. Ellos representan la base sobre la cual construir una
profesión necesaria para la reconstrucción y democratización del país,
por eso hay que trabajar con ellos, pero hay que hacerlo
inteligentemente, evitando las condiciones que traicionen los objetivos
de largo plazo. Mi experiencia reciente me indica que es posible
trabajar en esa dirección pero se requiere un esfuerzo colectivo (no
monumental), bien concertado, para que tenga frutos.
Jorge A. Sanguinetty, Ph.D. es fundador, Presidente & CEO de DevTech
Systems, Inc.
http://www.cubanet.org/opiniones/los-futuros-economistas-de-cuba/
miércoles, 9 de mayo de 2012
Una encuesta poco representativa
Una encuesta poco representativa
Miércoles, 09 de Mayo de 2012 03:28
Escrito por Aimée Cabrera
Cuba actualidad, Centro Habana, La Habana, (PD) Recientemente, durante
dos domingos consecutivos, aparecieron en el diario Juventud Rebelde,
sendos reportajes sobre los resultados de las investigaciones
sociológicas realizadas el pasado año por miembros del Centro de
Estudios sobre la Juventud (CESJ).jovenes
Se tuvieron en cuenta jóvenes entre 15 y 29 años, de todas las
provincias. Este grupo de edades, que agrupa no solo a adolescentes,
sino también a adultos jóvenes fue dividido en 3 etapas: 15-19, 20-24 y
25-29. Los encuestados tuvieron una participación de un 60% los blancos,
27% los mestizos y un 12 % de la raza negra.
Refieren un alza en el nivel de instrucción, pero es contradictorio
observar que un 2,6% solo llegó al nivel primario, o no lo llegó a
terminar, cuestión que no tiene razón de ser, pues la educación en Cuba
es obligatoria hasta el 9no grado-último grado del nivel secundario o
medio-, de lo que se deduce que hay un descontrol sobre quienes desertan
de la escuela, por qué y qué papel juega la familia en estas decisiones.
También resalta en el estudio que las hembras obtienen los más altos
niveles: el preuniversitario y el universitario.
El 46,9% describe sus viviendas como buenas, y un 57,5% dice contar con
una privacidad en sus casas, por lo que se supone pueden solucionar
problemáticas que incidieron en la juventud cubana de otras décadas, en
cuanto a independencia y autonomía.
Más de la tercera parte vive en familias monoparentales, en las que se
destaca la figura materna, por estar la madre divorciada, ser madres
solteras o tener a su pareja en el exterior.
Tal parece que todos los jóvenes encuestados pertenecen a los que
trabajan, estudian o se esfuerzan en ambas actividades. Nada se refiere
sobre los cientos de miles que ni estudian ni trabajan. Los que se
desempeñan en actividades ilegales, como la droga y la prostitución.
Conozco muchos que tienen "fachada" de trabajadores o estudiantes y
viven una doble vida.
Una joven adolescente tiene frecuentes inasistencias a su centro de
estudios del nivel medio superior. Usa el mini short de su uniforme
escolar, combinado con una camiseta veraniega. Sus zapatillas y su bolso
se distinguen por su buena calidad. Ella cobra sus favores a un
extranjero. Sus padres, quizás la hagan en la escuela.
Otros viven en tu barrio y no los conoces, porque van de paseo bien
tarde en la noche, vestidos preferiblemente de blanco, con ropas de
marcas, y perfumados con los mejores aromas franceses. Siempre tienen
dinero, nadie sabe cómo. Esperan irse de viaje pronto, invitados por
amigos y amantes extranjeros.
Habría que preguntarles también a esos jóvenes. O a los que asaltan y
hasta asesinan con edades que apenas los separan de la niñez. Pero las
encuestas del amplio reportaje no tienen que ver con las desesperanza de
la juventud cubana actual.
Para Cuba actualidad aimecabcu@yahoo.es
http://primaveradigital.org/primavera/cuba-sociedad/sociedad/4048-una-encuesta-poco-representativa.html
Miércoles, 09 de Mayo de 2012 03:28
Escrito por Aimée Cabrera
Cuba actualidad, Centro Habana, La Habana, (PD) Recientemente, durante
dos domingos consecutivos, aparecieron en el diario Juventud Rebelde,
sendos reportajes sobre los resultados de las investigaciones
sociológicas realizadas el pasado año por miembros del Centro de
Estudios sobre la Juventud (CESJ).jovenes
Se tuvieron en cuenta jóvenes entre 15 y 29 años, de todas las
provincias. Este grupo de edades, que agrupa no solo a adolescentes,
sino también a adultos jóvenes fue dividido en 3 etapas: 15-19, 20-24 y
25-29. Los encuestados tuvieron una participación de un 60% los blancos,
27% los mestizos y un 12 % de la raza negra.
Refieren un alza en el nivel de instrucción, pero es contradictorio
observar que un 2,6% solo llegó al nivel primario, o no lo llegó a
terminar, cuestión que no tiene razón de ser, pues la educación en Cuba
es obligatoria hasta el 9no grado-último grado del nivel secundario o
medio-, de lo que se deduce que hay un descontrol sobre quienes desertan
de la escuela, por qué y qué papel juega la familia en estas decisiones.
También resalta en el estudio que las hembras obtienen los más altos
niveles: el preuniversitario y el universitario.
El 46,9% describe sus viviendas como buenas, y un 57,5% dice contar con
una privacidad en sus casas, por lo que se supone pueden solucionar
problemáticas que incidieron en la juventud cubana de otras décadas, en
cuanto a independencia y autonomía.
Más de la tercera parte vive en familias monoparentales, en las que se
destaca la figura materna, por estar la madre divorciada, ser madres
solteras o tener a su pareja en el exterior.
Tal parece que todos los jóvenes encuestados pertenecen a los que
trabajan, estudian o se esfuerzan en ambas actividades. Nada se refiere
sobre los cientos de miles que ni estudian ni trabajan. Los que se
desempeñan en actividades ilegales, como la droga y la prostitución.
Conozco muchos que tienen "fachada" de trabajadores o estudiantes y
viven una doble vida.
Una joven adolescente tiene frecuentes inasistencias a su centro de
estudios del nivel medio superior. Usa el mini short de su uniforme
escolar, combinado con una camiseta veraniega. Sus zapatillas y su bolso
se distinguen por su buena calidad. Ella cobra sus favores a un
extranjero. Sus padres, quizás la hagan en la escuela.
Otros viven en tu barrio y no los conoces, porque van de paseo bien
tarde en la noche, vestidos preferiblemente de blanco, con ropas de
marcas, y perfumados con los mejores aromas franceses. Siempre tienen
dinero, nadie sabe cómo. Esperan irse de viaje pronto, invitados por
amigos y amantes extranjeros.
Habría que preguntarles también a esos jóvenes. O a los que asaltan y
hasta asesinan con edades que apenas los separan de la niñez. Pero las
encuestas del amplio reportaje no tienen que ver con las desesperanza de
la juventud cubana actual.
Para Cuba actualidad aimecabcu@yahoo.es
http://primaveradigital.org/primavera/cuba-sociedad/sociedad/4048-una-encuesta-poco-representativa.html
Apuntes sobre la educación en Cuba
Apuntes sobre la educación en Cuba
Miércoles, Mayo 9, 2012 | Por David Canela Piña
Hace poco buscaba en los periódicos del día una noticia digna de ser
comentada, o al menos que atrajese mi interés. Y encontré en el
periódico Juventud Rebelde del sábado 28 de abril un artículo titulado
"Exámenes que trazan futuro", que anunciaba el comienzo de las pruebas
de ingreso a la universidad para el martes 8 de mayo, y comentaba los
nuevos cambios que se están aplicando en los niveles de enseñanza
preuniversitaria y superior.
El entrevistado, René Sánchez, director de la comisión de Ingreso y
Ubicación Laboral del Ministerio de Educación Superior, declaraba que
este año las áreas con mayor apertura de plazas serán las carreras
"pedagógicas, médicas, técnicas y agropecuarias", por lo que se tratan
de incentivar esos perfiles vocacionales. Pero la idea que me molestó
fue la que pretendía desmontar el "mito de las vocaciones", arguyendo
que "está probado de manera científica que preparándose adecuadamente se
puede estudiar cualquier profesión." Y continuaba en el párrafo
siguiente: "Una carrera universitaria es una puerta más amplia a la
vida, que sirve a las personas para ser más útiles, servir mejor a la
sociedad, sentirse más plenos, pero no está identificada con una
vocación específica."
Nótese cómo primero realza la función social del progreso cognoscitivo a
través de dos enunciados tautológicos, luego menciona, como de paso, el
bienestar espiritual, y finalmente entierra la posibilidad de un vínculo
de desarrollo orgánico entre ambas funciones (la social y la
psicológica) a partir del cultivo de una vocación específica.
Al parecer, este funcionario jamás ha conocido a una persona que le haya
confesado, dibujando un rictus de amargura y frustración en su cara, que
él estudió esa carrera, pero que en realidad le hubiera gustado estudiar
otra. Y si no, ¿qué sentido tendría numerar una boleta con cinco
opciones, por orden de prioridad decreciente, si todas representan lo
mismo para el estudiante?
¿No recuerda acaso que en La Edad de Oro, el libro más reconocido
internacionalmente de José Martí, el intelectual cubano (y futuro héroe
por la independencia) les narra a los niños de América las anécdotas más
inspiradoras sobre la grandeza del genio, cuando éste es alentado por
las fuerzas desbordadas de una vocación? En su artículo "Músicos, poetas
y pintores" no deja de ilustrar, uno tras otro, los eventos que revelan
la formación de una vocación temprana, y las adversidades que tuvieron
que superar muchos artistas para llegar a culminarla. Así, por ejemplo,
dice que a Haendel su padre "le prohibió tocar un instrumento", porque
quería hacerlo abogado, "pero el niño se procuró a escondidas un
clavicordio mudo, y pasaba las noches tocando a oscuras en las teclas
sin sonido". De Miguel Ángel comenta que "en cuanto pudo manejar un
lápiz le llenó las paredes al picapedrero de dibujos, y cuando volvió a
Florencia, cubría de gigantes y leones el suelo de la casa de su padre".
Y de Lope de Vega cuenta que "cambiaba sus versos con sus condiscípulos
por juguetes y láminas, y a los doce ya había compuesto dramas y comedias."
¿Tampoco conoce este señor que en las escuelas primarias y secundarias,
una de las tareas pedagógicas fundamentales para la enseñanza de la
Historia de Cuba es demostrar la temprana "vocación revolucionaria" de
los héroes, para lo cual se usan clichés como que vio la miseria y la
injusticia que le rodeaba, y decidió rebelarse contra ella, amén de que
una de las virtudes cardinales de su carácter es siempre la
"intransigencia revolucionaria", la cual guía sus acciones en la lucha
contra el opresor?
Es comprensible este tipo de razonamientos en un funcionario que
participa de este tipo de ideología de estado, ya que la educación
socialista está atrapada en una contradicción ontológica: al pregonar la
culminación de todas las esperanzas de bienestar en el hombre, basándose
en la premisa de que las relaciones de fraternidad garantizan por sí
solas la felicidad individual, termina vaciando a los hombres de
contenido psíquico, y los convierte en una tabula rasa sobre la cual
puede imprimirse cualquier huella. Como es una ideología esencialmente
atea, le desconoce al hombre la facultad de ser un alma.
Entre las reformas que me gustaría ver fomentadas en el sistema
educativo cubano está la creación de Bachilleratos en Humanidades, en
Ciencias, y en Ciencias y Humanidades, además de multiplicar las
escuelas de oficios, y mantener las escuelas de formación artística,
tecnológica, y pedagógica. La enseñanza preuniversitaria debe ser un
canal, y un puente que conduzca hacia la enseñanza universitaria, no una
zaga del nivel precedente. Debe ser (como anuncia la etimología
castellana), un "pre-universitario", no una "post-secundaria".
Otro de los aspectos que me llama la atención en las últimas reformas
educacionales es la progresiva liberalización de los marcos de las
carreras: en la modalidad de Concurso (creada para los estudiantes que
perdieron la continuidad de sus estudios, y decidieron recomenzar) se
puede optar por diferentes carreras, aunque ellas se estudien en
universidades distintas, como Medicina y Psicología; se permite estudiar
una segunda licenciatura, "siempre que exista la especialidad en el
Curso por Encuentro" (otra modalidad, que fue concebida para los
trabajadores); a los graduados de politécnico se les reconoce como
vencido el nivel medio-superior, o sea, que ya salen con doce grado,
como se dice popularmente; y los estudiantes universitarios pueden
estudiar asignaturas que pertenezcan a los programas de estudio de otras
carreras, pero sin renunciar a la carga de asignaturas del suyo.
Sin embargo, creo que la academia debiera tener un programa de estudios
semi-abierto, en el cual existan 3 o 4 asignaturas básicas por semestre,
y que las demás puedan ser elegidas de forma libre dentro del amplio
abanico de asignaturas de los programas de carreras afines. Y un
programa semi-cerrado pudiera usarse en la enseñanza preuniversitaria,
en donde los estudiantes puedan seleccionar 2 o 3 cursos libres a su
voluntad. Por ejemplo, que en una asignatura como Lengua Moderna, puedan
elegir entre el francés, el alemán, el portugués, o el italiano, ya que
el español y el inglés debieran ser las lenguas básicas de su formación
lingüística.
Creo además que en la Universidad debe acabar de removerse el lastre de
unas asignaturas insulsas, que hasta ahora son obligatorias por su
carácter político, como Preparación para la Defensa, Economía Política,
Marxismo y Sociedad, e incluso Educación Física, que puede ser opcional.
Esto me lleva a sintetizar dos tendencias: una liberal, que tiende a
ampliar y disolver los límites estrechos de las carreras, y otra
conservadora, la cual está vinculada a un proceso de narcisismo
político. Hace unos años, se evaluaban tres pruebas de ingreso:
Matemática y Español (por ser las asignaturas arquetípicas de las
Ciencias y las Humanidades), y una tercera, variable, que dependía del
perfil cognoscitivo de la carrera a la cual se aspiraba en primera
instancia. Podía ser Física, Química, Biología o Historia de Cuba. Desde
hace unos años también –aproximadamente una década–, se decantó la
obligatoriedad de esta última, seguramente para "reforzar el trabajo
político-ideológico" con los jóvenes, o sea, para legitimar la autoridad
de un gobierno a través de la enseñanza de un discurso canonizado por la
historiografía revolucionaria.
La última disposición ministerial fue declarar dos semanas de receso
escolar para todos los niveles de enseñanza: una para conmemorar el
triunfo de la Revolución, que se extiende hacia el final y el principio
de año, y otra para celebrar la victoria de Playa Girón. Y a la semana
en que cae el 19 de abril, se le ha comenzado a llamar la Semana de la
Victoria. Me parece un esfuerzo decadente por reactivar un patriotismo
asociado a los momentos cumbres de afirmación del sistema político.
En otra ocasión pudiera analizar las aristas de la educación que
diversifican y vigorizan las identidades culturales de la sociedad
cubana, como la religiosa, la racial, y la multicultural. Lo que sí es
verdadero es que no se debe educar a nadie para ser "revolucionario", ni
socialista, ni proletario, sino para que pueda descubrir y cultivar las
mejores potencialidades de su inteligencia y su carácter, y se eleve
hacia una plenitud espiritual invirtiendo –como dice la parábola
bíblica– sus talentos en la vida.
http://www.cubanet.org/articulos/apuntes-sobre-la-educacion-en-cuba/
Miércoles, Mayo 9, 2012 | Por David Canela Piña
Hace poco buscaba en los periódicos del día una noticia digna de ser
comentada, o al menos que atrajese mi interés. Y encontré en el
periódico Juventud Rebelde del sábado 28 de abril un artículo titulado
"Exámenes que trazan futuro", que anunciaba el comienzo de las pruebas
de ingreso a la universidad para el martes 8 de mayo, y comentaba los
nuevos cambios que se están aplicando en los niveles de enseñanza
preuniversitaria y superior.
El entrevistado, René Sánchez, director de la comisión de Ingreso y
Ubicación Laboral del Ministerio de Educación Superior, declaraba que
este año las áreas con mayor apertura de plazas serán las carreras
"pedagógicas, médicas, técnicas y agropecuarias", por lo que se tratan
de incentivar esos perfiles vocacionales. Pero la idea que me molestó
fue la que pretendía desmontar el "mito de las vocaciones", arguyendo
que "está probado de manera científica que preparándose adecuadamente se
puede estudiar cualquier profesión." Y continuaba en el párrafo
siguiente: "Una carrera universitaria es una puerta más amplia a la
vida, que sirve a las personas para ser más útiles, servir mejor a la
sociedad, sentirse más plenos, pero no está identificada con una
vocación específica."
Nótese cómo primero realza la función social del progreso cognoscitivo a
través de dos enunciados tautológicos, luego menciona, como de paso, el
bienestar espiritual, y finalmente entierra la posibilidad de un vínculo
de desarrollo orgánico entre ambas funciones (la social y la
psicológica) a partir del cultivo de una vocación específica.
Al parecer, este funcionario jamás ha conocido a una persona que le haya
confesado, dibujando un rictus de amargura y frustración en su cara, que
él estudió esa carrera, pero que en realidad le hubiera gustado estudiar
otra. Y si no, ¿qué sentido tendría numerar una boleta con cinco
opciones, por orden de prioridad decreciente, si todas representan lo
mismo para el estudiante?
¿No recuerda acaso que en La Edad de Oro, el libro más reconocido
internacionalmente de José Martí, el intelectual cubano (y futuro héroe
por la independencia) les narra a los niños de América las anécdotas más
inspiradoras sobre la grandeza del genio, cuando éste es alentado por
las fuerzas desbordadas de una vocación? En su artículo "Músicos, poetas
y pintores" no deja de ilustrar, uno tras otro, los eventos que revelan
la formación de una vocación temprana, y las adversidades que tuvieron
que superar muchos artistas para llegar a culminarla. Así, por ejemplo,
dice que a Haendel su padre "le prohibió tocar un instrumento", porque
quería hacerlo abogado, "pero el niño se procuró a escondidas un
clavicordio mudo, y pasaba las noches tocando a oscuras en las teclas
sin sonido". De Miguel Ángel comenta que "en cuanto pudo manejar un
lápiz le llenó las paredes al picapedrero de dibujos, y cuando volvió a
Florencia, cubría de gigantes y leones el suelo de la casa de su padre".
Y de Lope de Vega cuenta que "cambiaba sus versos con sus condiscípulos
por juguetes y láminas, y a los doce ya había compuesto dramas y comedias."
¿Tampoco conoce este señor que en las escuelas primarias y secundarias,
una de las tareas pedagógicas fundamentales para la enseñanza de la
Historia de Cuba es demostrar la temprana "vocación revolucionaria" de
los héroes, para lo cual se usan clichés como que vio la miseria y la
injusticia que le rodeaba, y decidió rebelarse contra ella, amén de que
una de las virtudes cardinales de su carácter es siempre la
"intransigencia revolucionaria", la cual guía sus acciones en la lucha
contra el opresor?
Es comprensible este tipo de razonamientos en un funcionario que
participa de este tipo de ideología de estado, ya que la educación
socialista está atrapada en una contradicción ontológica: al pregonar la
culminación de todas las esperanzas de bienestar en el hombre, basándose
en la premisa de que las relaciones de fraternidad garantizan por sí
solas la felicidad individual, termina vaciando a los hombres de
contenido psíquico, y los convierte en una tabula rasa sobre la cual
puede imprimirse cualquier huella. Como es una ideología esencialmente
atea, le desconoce al hombre la facultad de ser un alma.
Entre las reformas que me gustaría ver fomentadas en el sistema
educativo cubano está la creación de Bachilleratos en Humanidades, en
Ciencias, y en Ciencias y Humanidades, además de multiplicar las
escuelas de oficios, y mantener las escuelas de formación artística,
tecnológica, y pedagógica. La enseñanza preuniversitaria debe ser un
canal, y un puente que conduzca hacia la enseñanza universitaria, no una
zaga del nivel precedente. Debe ser (como anuncia la etimología
castellana), un "pre-universitario", no una "post-secundaria".
Otro de los aspectos que me llama la atención en las últimas reformas
educacionales es la progresiva liberalización de los marcos de las
carreras: en la modalidad de Concurso (creada para los estudiantes que
perdieron la continuidad de sus estudios, y decidieron recomenzar) se
puede optar por diferentes carreras, aunque ellas se estudien en
universidades distintas, como Medicina y Psicología; se permite estudiar
una segunda licenciatura, "siempre que exista la especialidad en el
Curso por Encuentro" (otra modalidad, que fue concebida para los
trabajadores); a los graduados de politécnico se les reconoce como
vencido el nivel medio-superior, o sea, que ya salen con doce grado,
como se dice popularmente; y los estudiantes universitarios pueden
estudiar asignaturas que pertenezcan a los programas de estudio de otras
carreras, pero sin renunciar a la carga de asignaturas del suyo.
Sin embargo, creo que la academia debiera tener un programa de estudios
semi-abierto, en el cual existan 3 o 4 asignaturas básicas por semestre,
y que las demás puedan ser elegidas de forma libre dentro del amplio
abanico de asignaturas de los programas de carreras afines. Y un
programa semi-cerrado pudiera usarse en la enseñanza preuniversitaria,
en donde los estudiantes puedan seleccionar 2 o 3 cursos libres a su
voluntad. Por ejemplo, que en una asignatura como Lengua Moderna, puedan
elegir entre el francés, el alemán, el portugués, o el italiano, ya que
el español y el inglés debieran ser las lenguas básicas de su formación
lingüística.
Creo además que en la Universidad debe acabar de removerse el lastre de
unas asignaturas insulsas, que hasta ahora son obligatorias por su
carácter político, como Preparación para la Defensa, Economía Política,
Marxismo y Sociedad, e incluso Educación Física, que puede ser opcional.
Esto me lleva a sintetizar dos tendencias: una liberal, que tiende a
ampliar y disolver los límites estrechos de las carreras, y otra
conservadora, la cual está vinculada a un proceso de narcisismo
político. Hace unos años, se evaluaban tres pruebas de ingreso:
Matemática y Español (por ser las asignaturas arquetípicas de las
Ciencias y las Humanidades), y una tercera, variable, que dependía del
perfil cognoscitivo de la carrera a la cual se aspiraba en primera
instancia. Podía ser Física, Química, Biología o Historia de Cuba. Desde
hace unos años también –aproximadamente una década–, se decantó la
obligatoriedad de esta última, seguramente para "reforzar el trabajo
político-ideológico" con los jóvenes, o sea, para legitimar la autoridad
de un gobierno a través de la enseñanza de un discurso canonizado por la
historiografía revolucionaria.
La última disposición ministerial fue declarar dos semanas de receso
escolar para todos los niveles de enseñanza: una para conmemorar el
triunfo de la Revolución, que se extiende hacia el final y el principio
de año, y otra para celebrar la victoria de Playa Girón. Y a la semana
en que cae el 19 de abril, se le ha comenzado a llamar la Semana de la
Victoria. Me parece un esfuerzo decadente por reactivar un patriotismo
asociado a los momentos cumbres de afirmación del sistema político.
En otra ocasión pudiera analizar las aristas de la educación que
diversifican y vigorizan las identidades culturales de la sociedad
cubana, como la religiosa, la racial, y la multicultural. Lo que sí es
verdadero es que no se debe educar a nadie para ser "revolucionario", ni
socialista, ni proletario, sino para que pueda descubrir y cultivar las
mejores potencialidades de su inteligencia y su carácter, y se eleve
hacia una plenitud espiritual invirtiendo –como dice la parábola
bíblica– sus talentos en la vida.
http://www.cubanet.org/articulos/apuntes-sobre-la-educacion-en-cuba/
Una profesión sin presente ni futuro
Una profesión sin presente ni futuro
Miércoles, Mayo 9, 2012 | Por Orlando Freire Santana
LA HABANA, Cuba, mayo, www.cubanet.org -Mucho se ha hablado y escrito,
en los últimos tiempos, acerca de la gran cantidad de jóvenes cubanos
matriculados en la especialidad de Contabilidad, en los institutos
politécnicos de nivel medio, lo cual torna muy difícil su ubicación
laboral una vez que se gradúen.
Con independencia de la real predilección que sientan muchos de ellos
por esta materia, lo cierto es que Contabilidad constituye una de las
escasas opciones con que cuentan los estudiantes que terminan la
secundaria básica y desean evadir las poco atractivas especialidades
relacionadas con la agricultura y la construcción, que hoy disfrutan de
la máxima promoción por parte de las autoridades educativas de la isla.
Sin embargo, otro es el panorama si miramos a la educación superior. Se
conoce que la mayoría de los estudiantes de preuniversitario no tienen
las especialidades de Economía entre las primeras opciones de carreras
universitarias, y solo las matriculan si no les otorgan las carreras de
su preferencia.
Semejante carencia de vocación, a no dudarlo, compromete la calidad y
dedicación de los futuros profesionales de la economía, y también atenta
a mediano plazo contra el nuevo esfuerzo de los gobernantes por ubicar
todo lo relacionado con la economía en los primeros planos del acontecer
nacional.
En una entrevista, aparecida en el semanario Trabajadores (edición del
lunes 9 de abril), el doctor Joaquín Infante, Premio Nacional de
Contabilidad, y asesor de la oficialista Asociación Nacional de
Economistas de Cuba (ANEC), se lamenta del desdén de los jóvenes hacia
los estudios económicos en los predios universitarios.
Según Infante, los economistas cubanos, en su trabajo diario, afrontan
una serie de tropiezos que hace que los estudiantes de preuniversitario,
al tanto de esos problemas, se inclinen por carreras ajenas a la economía.
Entre esos inconvenientes, destacan: inadecuadas condiciones laborales,
tanto en los locales como en el equipamiento y los insumos; una
retribución salarial que no se corresponde con la importancia de un
trabajo que pudiera contribuir al logro de la eficiencia empresarial; la
no instrumentación de un sistema de estímulos morales y materiales; así
como la poca atención que se les presta a los jóvenes economistas en las
entidades donde laboran, lo que no motiva la permanencia de ellos en
dichos centros.
Con todo, nos parece que el señor Infante ha obviado un elemento
esencial, y que denota lo insustancial del trabajo de buena parte de los
economistas cubanos. Porque un verdadero economista debe estar en
condiciones de asesorar al gerente o director, en temas tales como:
quiénes deben ser los proveedores de la entidad, qué materias primas
adquirir, qué tratamiento darle a los clientes, a qué precio lanzar al
mercado los bienes y servicios, y qué hacer con las ganancias que se
obtengan.
Y, por supuesto, muy pocas decisiones como esas pueden ser tomadas por
las empresas, ya que es proverbial la falta de autonomía que por lo
general padecen.
Por lo tanto, es natural que los jóvenes, además de soportar los
infortunios ya mencionados, no deseen que su futuro transcurra en
entidades donde las decisiones vengan "de arriba", y donde sus jornadas
laborales transcurran entre bostezos, detrás de un buró.
http://www.cubanet.org/articulos/una-profesion-sin-presente-ni-futuro/
Miércoles, Mayo 9, 2012 | Por Orlando Freire Santana
LA HABANA, Cuba, mayo, www.cubanet.org -Mucho se ha hablado y escrito,
en los últimos tiempos, acerca de la gran cantidad de jóvenes cubanos
matriculados en la especialidad de Contabilidad, en los institutos
politécnicos de nivel medio, lo cual torna muy difícil su ubicación
laboral una vez que se gradúen.
Con independencia de la real predilección que sientan muchos de ellos
por esta materia, lo cierto es que Contabilidad constituye una de las
escasas opciones con que cuentan los estudiantes que terminan la
secundaria básica y desean evadir las poco atractivas especialidades
relacionadas con la agricultura y la construcción, que hoy disfrutan de
la máxima promoción por parte de las autoridades educativas de la isla.
Sin embargo, otro es el panorama si miramos a la educación superior. Se
conoce que la mayoría de los estudiantes de preuniversitario no tienen
las especialidades de Economía entre las primeras opciones de carreras
universitarias, y solo las matriculan si no les otorgan las carreras de
su preferencia.
Semejante carencia de vocación, a no dudarlo, compromete la calidad y
dedicación de los futuros profesionales de la economía, y también atenta
a mediano plazo contra el nuevo esfuerzo de los gobernantes por ubicar
todo lo relacionado con la economía en los primeros planos del acontecer
nacional.
En una entrevista, aparecida en el semanario Trabajadores (edición del
lunes 9 de abril), el doctor Joaquín Infante, Premio Nacional de
Contabilidad, y asesor de la oficialista Asociación Nacional de
Economistas de Cuba (ANEC), se lamenta del desdén de los jóvenes hacia
los estudios económicos en los predios universitarios.
Según Infante, los economistas cubanos, en su trabajo diario, afrontan
una serie de tropiezos que hace que los estudiantes de preuniversitario,
al tanto de esos problemas, se inclinen por carreras ajenas a la economía.
Entre esos inconvenientes, destacan: inadecuadas condiciones laborales,
tanto en los locales como en el equipamiento y los insumos; una
retribución salarial que no se corresponde con la importancia de un
trabajo que pudiera contribuir al logro de la eficiencia empresarial; la
no instrumentación de un sistema de estímulos morales y materiales; así
como la poca atención que se les presta a los jóvenes economistas en las
entidades donde laboran, lo que no motiva la permanencia de ellos en
dichos centros.
Con todo, nos parece que el señor Infante ha obviado un elemento
esencial, y que denota lo insustancial del trabajo de buena parte de los
economistas cubanos. Porque un verdadero economista debe estar en
condiciones de asesorar al gerente o director, en temas tales como:
quiénes deben ser los proveedores de la entidad, qué materias primas
adquirir, qué tratamiento darle a los clientes, a qué precio lanzar al
mercado los bienes y servicios, y qué hacer con las ganancias que se
obtengan.
Y, por supuesto, muy pocas decisiones como esas pueden ser tomadas por
las empresas, ya que es proverbial la falta de autonomía que por lo
general padecen.
Por lo tanto, es natural que los jóvenes, además de soportar los
infortunios ya mencionados, no deseen que su futuro transcurra en
entidades donde las decisiones vengan "de arriba", y donde sus jornadas
laborales transcurran entre bostezos, detrás de un buró.
http://www.cubanet.org/articulos/una-profesion-sin-presente-ni-futuro/
jueves, 3 de mayo de 2012
Dónde están los maestros
Dónde están los maestros
Jueves, 03 de Mayo de 2012 10:37
Escrito por Aimée Cabrera
Cuba actualidad Centro Habana, La Habana (PD) "La maestra de mi nieto
está enferma; a su grupo lo unieron con otros dos. El niño la extraña y
se ha atrasado, ahora necesita una repasadora porque le bajaron las
notas"- comenta una anciana del Cerro.alt
"Mi hijo no tiene maestra ahora que estamos ya casi en el final del
curso. Todos los padres estamos muy preocupados, hablamos con la
directora y ella dice que no hay maestros, que ella tampoco sabe qué
hacer", refiere una madre del municipio Guanabacoa.
Sin embargo, con frecuencia aparecen noticias y artículos en la prensa
oficial acerca de los resultados positivos en las escuelas de todos los
niveles educacionales.
Cada vez se aprecia un mayor rechazo de los estudiantes a escoger las
carreras pedagógicas.
Los salarios son bajos, las condiciones de los centros escolares son
malas, y los maestros y profesores apenas tienen con qué trabajar para
desempeñarse como es debido.
Los que deciden dedicarse a esta labor tan consagrada tienen que estar
muy motivados con su profesión, tiene que gustarle de veras; no puede
ser que los obliguen porque sean militantes de la Juventud Comunista
(UJC) y "tengan que dar el ejemplo", o que lo hagan porque les prometan
que así podrán hacer posteriores estudios universitarios, como sucedió
con los maestros emergentes, un proyecto educacional que resultó un fracaso.
Recientemente, Enia Torres, asesora de la ministra de Educación, aseguró
que un 79% de los maestros son Licenciados en Educación y que un 1 956
260 son estudiantes de las distintas instituciones donde realizan
estudios pedagógicos.
Las escuelas formadoras de maestros se especializan en capacitar a
quienes impartirán clases en el nivel primario, que es donde menos pagan
a sus docentes, sin tener en cuenta que de ellos depende la base para un
posterior éxito en el proceso docente educativo.
La funcionaria del Ministerio de Educación explicó que hay 16
universidades de Ciencias Pedagógicas y de estas 9 mantienen a sus
estudiantes hasta tercer año, para que a partir de ese momento realicen
sus prácticas docentes.
Reconoció que aún no es notable la cifra de alumnos que optan por las
carreras pedagógicas.
Por supuesto que se mencionan logros y no se va a la esencia de la
crisis en las escuelas.
Miles de maestros y profesores, graduados o no del nivel universitario,
han desertado de las aulas desilusionados ante tantas exigencias que no
son comparables con lo que deben recibir; quizás esa sería una respuesta
aclaratoria para las madres y los padres que se preocupan porque sus
hijos no tienen maestros en sus escuelas.
Para Cuba actualidad aimecabcu@yahoo.es
http://primaveradigital.org/primavera/cuba-sociedad/sociedad/4015-donde-estan-los-maestros.html
Jueves, 03 de Mayo de 2012 10:37
Escrito por Aimée Cabrera
Cuba actualidad Centro Habana, La Habana (PD) "La maestra de mi nieto
está enferma; a su grupo lo unieron con otros dos. El niño la extraña y
se ha atrasado, ahora necesita una repasadora porque le bajaron las
notas"- comenta una anciana del Cerro.alt
"Mi hijo no tiene maestra ahora que estamos ya casi en el final del
curso. Todos los padres estamos muy preocupados, hablamos con la
directora y ella dice que no hay maestros, que ella tampoco sabe qué
hacer", refiere una madre del municipio Guanabacoa.
Sin embargo, con frecuencia aparecen noticias y artículos en la prensa
oficial acerca de los resultados positivos en las escuelas de todos los
niveles educacionales.
Cada vez se aprecia un mayor rechazo de los estudiantes a escoger las
carreras pedagógicas.
Los salarios son bajos, las condiciones de los centros escolares son
malas, y los maestros y profesores apenas tienen con qué trabajar para
desempeñarse como es debido.
Los que deciden dedicarse a esta labor tan consagrada tienen que estar
muy motivados con su profesión, tiene que gustarle de veras; no puede
ser que los obliguen porque sean militantes de la Juventud Comunista
(UJC) y "tengan que dar el ejemplo", o que lo hagan porque les prometan
que así podrán hacer posteriores estudios universitarios, como sucedió
con los maestros emergentes, un proyecto educacional que resultó un fracaso.
Recientemente, Enia Torres, asesora de la ministra de Educación, aseguró
que un 79% de los maestros son Licenciados en Educación y que un 1 956
260 son estudiantes de las distintas instituciones donde realizan
estudios pedagógicos.
Las escuelas formadoras de maestros se especializan en capacitar a
quienes impartirán clases en el nivel primario, que es donde menos pagan
a sus docentes, sin tener en cuenta que de ellos depende la base para un
posterior éxito en el proceso docente educativo.
La funcionaria del Ministerio de Educación explicó que hay 16
universidades de Ciencias Pedagógicas y de estas 9 mantienen a sus
estudiantes hasta tercer año, para que a partir de ese momento realicen
sus prácticas docentes.
Reconoció que aún no es notable la cifra de alumnos que optan por las
carreras pedagógicas.
Por supuesto que se mencionan logros y no se va a la esencia de la
crisis en las escuelas.
Miles de maestros y profesores, graduados o no del nivel universitario,
han desertado de las aulas desilusionados ante tantas exigencias que no
son comparables con lo que deben recibir; quizás esa sería una respuesta
aclaratoria para las madres y los padres que se preocupan porque sus
hijos no tienen maestros en sus escuelas.
Para Cuba actualidad aimecabcu@yahoo.es
http://primaveradigital.org/primavera/cuba-sociedad/sociedad/4015-donde-estan-los-maestros.html
martes, 1 de mayo de 2012
Los estudiantes cubanos apenas leen
Los estudiantes cubanos apenas leen
Martes, Mayo 1, 2012 | Por Orlando Freire Santana
LA HABANA, Cuba, mayo, www.cubanet.org -Son muchos los que aprecian una
contradicción en lo relacionado con el libro y la lectura en Cuba: se
compran muchos libros, pero se lee poco. En efecto, cada año las Ferias
Internacionales del Libro, que ahora se extienden por todo el país,
muestran grandes niveles de ventas, principalmente de ejemplares
dedicados a niños y jóvenes. Sin embargo, abundan los criterios de
bibliotecarios y dirigentes de los varios programas de promoción de
lectura que existen en la isla, en el sentido de lo poco arraigado que
se halla entre los cubanos el sano hábito de la lectura.
No hace mucho, y casi coincidiendo con la última Feria del Libro, se
celebró en La Habana el 8vo Congreso Internacional de Educación Superior
Universidad 2012. A propósito de ese evento, el semanario Tribuna de La
Habana (en su edición del domingo 25 de marzo) recoge unas interesantes
declaraciones de la doctora María Dolores Ortiz, asesora del Ministro de
Educación Superior y panelista del programa televisivo Escriba y Lea.
La doctora Ortiz afirmó que, en muchas ocasiones, los textos que se
entregan en las universidades como apoyo al curso escolar no son leídos,
pues cuando los alumnos los devuelven al concluir los estudios
correspondientes, están totalmente nuevos y se nota que no han sido ni
abiertos. Semejante observación pone en evidencia que buena parte de
nuestra educación superior se debate entre dos alternativas poco
halagüeñas: o los estudiantes se satisfacen con las notas tomadas en
clases, o al final aprueban las asignaturas con la ayuda de alguna de
las modalidades del fraude académico.
Con respecto a la primera de las prácticas mencionadas, no es ocioso
repetir que ni la más magistral de las conferencias puede sustituir al
libro de texto. Ni aun si estuviéramos en presencia de algún educador
eminente, como los ha tenido Cuba a lo largo de su historia. Recuerdo,
por ejemplo, que siempre se decía que haber sido alumno de Varela, Luz y
Caballero, Mendive o Varona, ya de por sí era un título. Y por supuesto,
mucho más necesitamos del libro ahora, cuando un número nada
despreciable de profesores universitarios, con poca experiencia y
deficiente preparación, son los encargados de impartir las clases y
conferencias. En ocasiones, incluso, se trata realmente de alumnos o
monitores que estudian en grados superiores a sus educandos.
Y qué decir de aquellos estudiantes que se gradúan por medio del fraude.
Los hay de varios tipos: los que pagan por enterarse con anticipación
del contenido de alguna prueba o examen; los que no se molestan en
presentarse a las evaluaciones, y después pagan por el aprobado; y
aquellos que, ante la complicidad de profesores que debían de garantizar
la pureza de los exámenes, extraen los famosos "chivos" que les permitan
responder las preguntas. Últimamente, en un intento por combatir este
flagelo, se ha orientado que los profesores dicten las preguntas en el
momento de la evaluación; es decir, que las pruebas no se impriman con
anterioridad. Pero ni así se logra disminuir el fraude.
De una u otra forma, lo cierto es que tales irregularidades en el
tránsito de nuestros estudiantes por la educación superior— por supuesto
que se presentan también en el resto de los niveles de enseñanza— traen
como resultado la existencia de muchos graduados con serias deficiencias
en su preparación. Dos ejemplos, entre los varios que pudieran citarse,
evidencian lo anterior: los casos de médicos graduados en Cuba que no
pueden revalidar sus títulos en el exterior, y aquellos profesionales
incapaces de redactar un informe con coherencia y una ortografía adecuada.
http://www.cubanet.org/articulos/los-estudiantes-cubanos-apenas-leen/
Martes, Mayo 1, 2012 | Por Orlando Freire Santana
LA HABANA, Cuba, mayo, www.cubanet.org -Son muchos los que aprecian una
contradicción en lo relacionado con el libro y la lectura en Cuba: se
compran muchos libros, pero se lee poco. En efecto, cada año las Ferias
Internacionales del Libro, que ahora se extienden por todo el país,
muestran grandes niveles de ventas, principalmente de ejemplares
dedicados a niños y jóvenes. Sin embargo, abundan los criterios de
bibliotecarios y dirigentes de los varios programas de promoción de
lectura que existen en la isla, en el sentido de lo poco arraigado que
se halla entre los cubanos el sano hábito de la lectura.
No hace mucho, y casi coincidiendo con la última Feria del Libro, se
celebró en La Habana el 8vo Congreso Internacional de Educación Superior
Universidad 2012. A propósito de ese evento, el semanario Tribuna de La
Habana (en su edición del domingo 25 de marzo) recoge unas interesantes
declaraciones de la doctora María Dolores Ortiz, asesora del Ministro de
Educación Superior y panelista del programa televisivo Escriba y Lea.
La doctora Ortiz afirmó que, en muchas ocasiones, los textos que se
entregan en las universidades como apoyo al curso escolar no son leídos,
pues cuando los alumnos los devuelven al concluir los estudios
correspondientes, están totalmente nuevos y se nota que no han sido ni
abiertos. Semejante observación pone en evidencia que buena parte de
nuestra educación superior se debate entre dos alternativas poco
halagüeñas: o los estudiantes se satisfacen con las notas tomadas en
clases, o al final aprueban las asignaturas con la ayuda de alguna de
las modalidades del fraude académico.
Con respecto a la primera de las prácticas mencionadas, no es ocioso
repetir que ni la más magistral de las conferencias puede sustituir al
libro de texto. Ni aun si estuviéramos en presencia de algún educador
eminente, como los ha tenido Cuba a lo largo de su historia. Recuerdo,
por ejemplo, que siempre se decía que haber sido alumno de Varela, Luz y
Caballero, Mendive o Varona, ya de por sí era un título. Y por supuesto,
mucho más necesitamos del libro ahora, cuando un número nada
despreciable de profesores universitarios, con poca experiencia y
deficiente preparación, son los encargados de impartir las clases y
conferencias. En ocasiones, incluso, se trata realmente de alumnos o
monitores que estudian en grados superiores a sus educandos.
Y qué decir de aquellos estudiantes que se gradúan por medio del fraude.
Los hay de varios tipos: los que pagan por enterarse con anticipación
del contenido de alguna prueba o examen; los que no se molestan en
presentarse a las evaluaciones, y después pagan por el aprobado; y
aquellos que, ante la complicidad de profesores que debían de garantizar
la pureza de los exámenes, extraen los famosos "chivos" que les permitan
responder las preguntas. Últimamente, en un intento por combatir este
flagelo, se ha orientado que los profesores dicten las preguntas en el
momento de la evaluación; es decir, que las pruebas no se impriman con
anterioridad. Pero ni así se logra disminuir el fraude.
De una u otra forma, lo cierto es que tales irregularidades en el
tránsito de nuestros estudiantes por la educación superior— por supuesto
que se presentan también en el resto de los niveles de enseñanza— traen
como resultado la existencia de muchos graduados con serias deficiencias
en su preparación. Dos ejemplos, entre los varios que pudieran citarse,
evidencian lo anterior: los casos de médicos graduados en Cuba que no
pueden revalidar sus títulos en el exterior, y aquellos profesionales
incapaces de redactar un informe con coherencia y una ortografía adecuada.
http://www.cubanet.org/articulos/los-estudiantes-cubanos-apenas-leen/
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